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2020: Entre la espada y el corazón

  • octubre 13, 2020
  • Fran Pavón
  • 3 min leer

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La vida nos pone a prueba para que pensamientos, emociones, cuerpo y espíritu se alineen y trabajen constantemente. Pero este año está siendo todo una montaña rusa del autoconocimiento y la transformación. No una montaña rusa cualquiera, es una que durante prácticamente todo el año nos han vapuleado impetuosamente. El ciclón Plutón-Saturno-Júpiter está arrasando con todos aquellos apegos a esa ilusiora “seguridad” basada en los miedos e infravaloraciones de las capacidades de uno mismo. La sociedad paternalista y patriarcal está en plena crisis y la sombra social, económica, política, colectiva e individual está asomando como nunca lo había hecho.

En este año, marcadamente plutoniano, el miedo a la muerte, un miedo expresado hacia a un virus o un gobierno opresor, nos empuja de la zona de confort a la selva. Por un lado, morir nos hace sentirnos vivos porque nos recuerda que esta vida no es para siempre. Y por otro lado, es el momento de crecer a una edad adulta, agradecer simbólicamente todo los que nuestros padres nos han dado (lo bueno y lo malo, todo es valioso), desapegarnos de la figura paternalista del estado y que nuestro sol brille sin límites. Ya dejó de ser una elección, dejar a otros la responsabilidad de tu vida y la de los tuyos empieza a ser una temeridad. Siempre ha sido así, pero en estos momentos de nuestra existencia se acentúa. Llegó la hora de actuar, no verlas venir y actuar desde el corazón.

 

Conectarnos con Plutón involucra trabajar sobre nuestro poder personal y decidir con consciencia finalizar ciclos que ya no tienen capacidad evolutiva, sea en lo vincular, laboral, familiar, mental. Plutón nos ayuda a soltar el apego al control y comprendemos el valor de soltar aquello que nos limita en nuestra evolución. Plutón nos lleva a soltar las amarras y a fluir en el río de la vida.

Para finalizar, dejo un poema mío para esta gran ocasión de transformación:

 

 

Muerte

 

Mueren tus risas,

mueren tus besos,

mueres tú como estos versos.

 

Pese a que niegues

la efímera existencia

y te apegues

a la ilusoria permanencia.

 

Nada perdura,

salvo la vida y

la muerte.

 

Vida y muerte se unen,

conforman la vida, el arte.

La vida es un acorde,

que se pierde en el silencio,

un verso que se funde,

es el fugaz y hermoso trazo difuminado de un lienzo.

 

Vive Gandhi,

vive Klimt,

vive Bowie.

Vive su amor

y no su cuerpo.

Viven aunque estén muertos.

 

Así pues,

que mueran tus lágrimas,

pero no tus actos,

que muera tu odio

pero no tu amor.

 

Y si mueres,

muere pero de gozo,

muere de alegría y de amor.

 

Ama

y vive mientras mueres.

 

 

 

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