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El propósito de la vida es aprender a amar

  • febrero 10, 2021
  • Fran Pavón
  • 5 min leer

Digamos que me he pasado casi toda mi vida buscando cuál era mi profesión y mi vocación, y no sabía que era lo que tenía que hacer aquí en la tierra. Después del uso de mil herramientas de autoconocimiento para encontrar mi propósito, descubrí que el propósito estaba dentro de uno mismo, que nada de fuera me lo iba a decir y que tampoco era nada de lo que hacía como profesión. El propósito es algo que se vive desde dentro aunque puedas desarrollar ese propósito en una vocación o profesión.

El universo se asegura que siempre aprendas

Imagínate tu vida actual como una selva y que te mandan a esa selva sin recordar nada con una mochila llena de herramientas. Esa mochila son tus dones y talentos innatos. Ahora imagina que te mandan a la parte alta de esos árboles y justo en una vida anterior estuviste y aprendiste a estar ahí. Pues lo más seguro es que en esta vida te toque aprender a bajar o bien a aprender a vivir de otra manera ahí arriba en los árboles. ¡Así de maravilloso es el universo! El universo es increíblemente inteligente y siempre se asegura que siempre tengamos algo que diferente que aprender aunque hagamos lo mismo. Dicho esto, imagina que en esta vida te toca aprender a bajar y aprender a vivir debajo de los árboles. Lo que pasará entonces es que meterás ese aprendizaje en la mochila y siempre lo llevarás contigo. Esos aprendizajes lo podemos usar para mejorar nuestra calidad de vida, para inspirar nuestra alma o para enseñar e inspirar a otros. Nuestro propósito en la vida es el aprendizaje y el aprendizaje es siempre el mismo, el amor. El amor es algo que expresamos, que damos y nos damos en cada acto. Una sonrisa al panadero, a un niño que cruza la calle, ver un atardecer, un plato de salmorejo o escuchar a un amigo es un acto enorme de amor por pequeño que se vea. Imagina que uno de tus propósitos sea sonreír más a menudo. ¿Conoces alguna profesión que se llame “sonriente a personas desconocidas”? No es una vocación ni una profesión, verdad. Pero aun así, ¿por qué no hacerlo y meterlo en nuestra mochila?

Llegar a la meta es el premio y el premio del camino es el aprendizaje

Vivimos en una sociedad marcada por los títulos y enfocada simplemente en obtener una meta concreta mientras nos olvidamos del inmenso valor del camino. Subir una montaña como el Everest, no es tan sólo llegar a la cima. Subir la montaña es afrontar tus miedos a caerte, congelarte; es aprender a confiar en ti, a tener perseverancia, en definitiva es aprender en el camino hacia la meta. Mientras yo estuve buscando mi profesión y mi vocación, aprendí a ser yo mismo, a saber marcar límites, a organizarme, a no autoexigirme, a ser perseverante, a mostrarme, a tener paciencia, a conocer que me gustaba y que no, a confiar en mí (es algo que aún estoy aprendiendo) y a confiar en el universo, entre otras tantas cosas. ¿Qué es más importante, saber lo que has venido a realizar como vocación o aprender todo lo que te he dicho anteriormente? Digamos que lo importante es todo, principio, nudo y final. Imaginad una película en la que sólo se vean los últimos 5 minutos finales. Vaya rollo, ¿no? A nuestra mente le espanta el nudo, el desarrollo de la historia, quiere el premio y lo quiere rápido. Al menos la mente de todos menos de los que tienen temas astrológicos en Tauro. La mente es así, siempre está ansiosa para que el final llegué. Lo curioso de todo es que cuanto más hacemos caso a la mente, la película se alarga más y más, y convertimos una peli de 90 minutos de duración, en una de 150 minutos o incluso en una trilogía. Pues el propósito y el universo nos empuja constantemente al camino del amor y hacer las cosas con ansia es hacerlo con miedo, hacer el camino del amor es disfrutar y aprender de cada aprendizaje.

Así que, ¿cuál es tu propósito? ¿Tu propósito es darte el tiempo suficiente a ti misma? ¿Tu propósito es sonreír más? ¿Tu propósito es creer en ti y hacer aquello que realmente te gusta? ¿Tu propósito es ser perseverante e ir a por lo que te propones? Cuando una consultante en una sesión de astrología me pregunta por su propósito, miro cada ángulo y detalle de su carta. Detrás de cada punto de la carta, veo un lugar lleno de aprendizajes y así mismo, lleno de amor. A mí me encanta trabajar con el propósito en mis consultas de Astrología aunque la mayoría de las veces no les cuento el final de su historia. Si te animas a ver hasta el último rincón de amor en tu carta natal, te espero en mi consulta.

Un abrazo enorme.

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