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Forma de mirar

¿Estás despierta o despierto? El telón está abierto

Tener los ojos abiertos no basta. La lucidez de los sueños empieza, muchas veces, en la vigilia: en no vivir el día solo dentro de la cabeza.

Publicado el Fran Pavón

Actualizado el

Cortina de lino entreabierta junto a una ventana; una silla de madera vacía frente a la luz.

Muchas veces durante el día tenemos los ojos abiertos y la consciencia apagada. La mente, en su afán compulsivo, está pero no está. Estamos cocinando y ya pensamos en lo de después de la cena. Vamos andando al trabajo y ya estamos en lo que viene luego. Vivimos inmersos en el relato, soñando con los ojos despiertos, en una vida que ocurre sobre todo en la cabeza.

«Si quieres tener sueños lúcidos, has de tener una vida más lúcida»

Tener un sueño lúcido, para mí, no es solo una diversión. Es darte cuenta de que estás soñando mientras sueñas. Hace años, en una meditación, se me quedó esta frase: «Si lo que quieres es tener sueños lúcidos, primero has de tener una vida más lúcida». Yo ya había tenido alguna experiencia onírica así. En aquella época buscaba más. La frase me devolvió al día.

La práctica —meditar, mirar un sueño— sirve de poco si no se expande a la vigilia. ¿Para qué meditar, si no? Para estar más lúcido mientras vives. Meditar no es evadirse. Es llevar la atención al día. Y con los sueños siento algo parecido: no son solo un escenario para escapar. En la oscuridad se ve, a veces, lo que de día no nombramos.

Tener los ojos abiertos del cuerpo, y también los de la consciencia

Los sueños ocurren en uno de los momentos en que más inconscientes estamos. Los símbolos aparecen y desaparecen en cada escena, y nos los creemos tanto que nos sumergimos. Casi siempre nos damos cuenta al despertar.

Se puede entrenar esa lucidez de mil maneras. Bajo mi experiencia, lo que más ordena el asunto es despertar un poco del letargo diurno. También de día vivimos enganchados a una historia mental que no está ocurriendo en ese instante. Detrás de los sucesos cotidianos, los símbolos entran en escena y se van. Y nosotros, a menudo, preguntándonos el porqué sin haber mirado primero qué había delante.

No te tomes tan en serio tu personaje

Si me preguntan qué me funciona para la lucidez —dentro del sueño y fuera—, diría la atención. No porque sume récords. Porque ayuda a ver lo ilusorio como ilusión y a volver a lo que está pasando.

¿Qué es real? ¿Qué es verdad? Si retrocedieras quinientos años, ¿pensarías igual? Si hubieras nacido en otro país, con otra familia, ¿pensarías igual? ¿Cuánto peso tienen las opiniones de fuera y cuánto se va al fuero interior? Imagina a alguien que te enfada mucho. Imagina ser esa persona, con sus mismas circunstancias. ¿Qué es real y qué no?

Ahí se abre una llave. ¿Es real lo que sientes? ¿Es real lo que estás pensando? ¿Es real lo que estás viviendo?

Me encanta ver la encarnación como un teatrillo: cada cual representando un personaje. Lo miro así para no creerme tanto el mío, y de vez en cuando improvisar el guión. El telón sigue abierto, también cuando no te das cuenta de lo oculto, de los símbolos, de tu inconsciente.

Un abrazo enorme. Fran Pavón